Pierdo lo que soy de cuando en cuando; no es fácil mantenerlo siempre. Y yo lo noto en mi interior. A veces trato de reajustar con vehemencia para reencontrarme y a veces, por otro lado, me dejo perder, “ya volveré”, me digo. ¿Estaré procrastinando?
La mayoría de la gente no lo nota. Pasarán a la par, se reirán con vos, y por ese arte histriónico tan presente en los que se han guardado la ansiedad para sí, pensarán que estás bien. Tal vez un poco distraído y nada más.
Pero a veces, alguien que tal vez, sin ser tan cercano, pero que alguna vez por magia de la vida, ha vibrado en una frecuencia cercana a la tuya, te lo hace notar. Eso sin duda, capta tu atención.
Y tal vez, ese mismo perfil de personas, tan escasas y valiosas en un camino tumultuoso, te ayudan a imaginar algo que pueda convertirse en un pasito para reencontrarte con lo más sagrado.
A mí me pasó y para algunos será intrascendente, pero ese poquito de los dos escenarios que experimenté esta semana, me tiene haciendo este acto de escritura sincera, con tintes de oscuridad y de mente cansada. Les cuento…
Esta semana vi a alguien, que cumple con esos criterios. Evidentemente, como lo pueden inferir, me advirtió que cuidara mi esencia. Tal vez disparando desde lo oscuro y aleatorio, a un rayito de luz que se veía tenue. Le di la razón, porque la tenía, entre advertencias que delimitaban posibles confusiones, y un exceso de precaución justificable.
Sin embargo, me respondo a mi mismo la pregunta del inicio, volví a procrastinar. Lo hice, porque a sabiendas de que hay acciones que me pueden acercar a mi interior, no hice ninguna para tratarme mejor a mí mismo, hasta el día de hoy.
Y aquí es donde entra esa segunda persona.
El alma gemela de un buen amigo, comenzó un proyecto donde cuenta acerca de lo que existe en su corazón. Acompañándolo de imágenes intrigantes y maravillosas, expone sus ideas cargadas de amor y una retórica remarcable.
Me encontré hasta tarde leyendo sus escritos. Y esos, que valieron la trasnochada, me llevaron a desempolvar un poquito mis propios dedos, y escribir esto para mí. También, horas después, me animaron a hacer lo que estoy haciendo: publicandole por primera vez, algo al mundo cercano y lejano, al que me expongo, sin ninguna precausión.
Sin imaginar. Sin exagerar. Sin inventar. Solo contando lo que siento hoy y lo más destacable de una semana cualquier de este año, aseguro que este acto de diluida creatividad, me acerca un poquito más a eso que me propongo a encontrar. Mi propia realidad, mi propia escencia, mi propio yo… y a esas personas, que saben quien soy: ¡Gracias sinceras!
