Mientras mi cabeza se hace historias incontables y se descarga a través de mis dedos en el teclado, intento recordar y proyectar desde aquí, mi escritorio en Costa Rica, los sentimientos que me generó Toronto. Desde que estuve en ella, esta idea fue la que me quedó clavada y hasta hoy he buscado la forma de utilizarla de la mejor manera.
La más sencilla que encuentro es solamente escribirlo: Creativity matters.


Se me olvida eso de manera constante. Lo relego a mis últimas prioridades en esta nueva vida más adulta y menos fantasiosa. Y aunque a veces pienso que la tengo presente, la verdad es que desde el simplismo, me voy convirtiendo en un prompter. En un copypaster. En un influencee, que se olvida de la creatividad que importa más… la mía.

Si hay algo que le debo agradecer a Toronto y a su cerveza, guardada en esas latas pintorescas, entrelazando a artistas, con músicos y maestros cerveceros, entrelazando la historia pura y vieja con la reciente corriente de la expresión buslesca y poco diferenciada, es haberme recordado la importancia de la creatividad.
Ese elemento que no deja de cansar, que al encontrarlo, resalta las paredes de concretos fríos y un césped dormido. Que le da vida a una ciudad que según sus propios residentes, ha ido “muriendo” poco a poco y muy especialmente luego de la pandemia. Yo por lo menos, no la encontré muerta.

Toronto es grande… gigantesca. Con problemas de desigualdad, con sus homeless relegados del sistema. Con sus calles amplias y un sólido sistema de transporte público por el que me moví por tres días seguidos. Tiene parques que en verano deben pasar repletos y unas islas que regalan vistas impresionantes de una ciudad de rascacielos, que se asemeja a las ciudades estadounidenses. Espero no insultar a nadie con esta última oración.

Mis expectativas eran muy altas y para seguir con el inglés que algunos no soportarán incluido en este tipo de textos de alguien latino, my bad por elevarlas tanto. Me imaginé una Suiza en América, pero creo que esa misma confusión puede suceder con muchos otros lugares para extranjeros… incluidos Costa Rica. No es Suiza, es Toronto. Y la sorpresa que me dio, fue encontrar alegorías en forma de murales a la historia, a la música, a la vida… a esa vida de dicotomías, de yuxtaposiciones, de contradicciones e impugnación, que esa misma ciudad tiene y que me recordó que yo tengo también.
Me atraparon algunos de ellos, y si pudiera, dedicaría más tiempo a buscar otros, a analizar más, a entenderlos mejor. La pincelada que me dí, me sirvió para recordar lo que pienso desde hace mucho tiempo: todos tenemos un rincón creativo, que vale la pena explorar. Hagamoslo. Explotémoslo. Y sobre todo, disfrutemoslo. Creativity matters… and fuck, it matters!


